
Los ribosomas son organulos celulares encargados principalmente de la fabricación de proteínas, participando de manera preponderante en la segunda fase de la expresión génica denominada la traducción.
Un episodio agudo de entrenamiento de fuerza desencadena una cascada de señales anabólicas que entre otras cosas, incrementan la función ribosomal, de modo que cada ribosoma es capaz de traducir (decodificar) una mayor cantidad de ARN mensajeros, lo que en última instancia permite la síntesis de más proteínas (entre ellas las proteínas miofibrilares). En otras palabras, aumenta la eficiencia ribosomal.
Lo anterior constituye una respuesta transitoria al estrés impuesto por el ejercicio y en parte ayuda a enfrentar el daño celular. Además del aumento agudo de la síntesis de proteínas miofibrilar, también hay un incremento concomitante de la expresión de genes relacionados con la creación de nuevos ribosomas y enzimas ribosomales, es decir, se regula al alza la biogénesis ribosomal. Sin embargo, lo más interesante viene después, ya que esto último no es posible si no existe una sumación de estímulos estresores impuestos por la acumulación de episodios repetidos de entrenamiento.
Este aumento de la cantidad de ribosomas que ocurre a largo plazo, incrementa la capacidad ribosomal, lo que permite que sea posible fabricar más proteínas incluso de forma basal, es decir, en reposo. Al parecer la síntesis de proteínas miofibrilar basal puede aumentar como adaptación crónica al entrenamiento y aquí los ribosomas pueden ser determinantes.
El incremento de la síntesis de proteínas miofibrilar basal a largo plazo, es al parecer lo que impulsa finalmente la ganancia de masa muscular y su magnitud.
Figueiredo, V. C., & McCarthy, J. J. (2019). Regulation of Ribosome Biogenesis in Skeletal Muscle Hypertrophy. Physiology (Bethesda, Md.), 34(1), 30–42. https://doi.org/10.1152/physiol.00034.2018





