
En términos generales y a una intensidad submáxima relativa de ejercicio, las mujeres presentan una capacidad mejorada para la utilización de ácidos grasos, debido en parte a las propiedades únicas de la célula muscular femenina, cuyo contenido intracelular de triglicéridos es mayor, las gotitas de lípidos son más pequeñas y mejor asociadas a las mitocondrias, además de presentar una mayor expresión y actividad de enzimas lipolíticas. Todo ello, sumado a la aparente mayor capacidad proximal de beta-oxidación (primara parte de la reacción en cadena), hace que el músculo femenino sea notablemente superior para utilizar ácidos grasos durante el ejercicio.
Dada la mayor capacidad para la oxidación de ácidos grasos, la mujeres dependen menos de otros sustratos como la glucosa, el glucógeno y los aminoácidos, lo que se evidencia por una menor depleción de glucógeno (principalmente en fibras musculares tipo I) y un menor catabolismo de las proteínas durante el ejercicio.





