
La plasticidad cerebral es extraordinaria en los primeros años de vida, gracias a los procesos sinérgicos de sinaptogénesis y reducción gradual (poda sináptica). Esto hace que la primera infancia sea un período ideal para la introducción de estímulos adecuados para el aprendizaje motor, dada la rápida capacidad de adquisición de nuevos patrones motores.
Anteriormente se pensaba que el aprendizaje de diferentes hitos motores (succión, prehensión, habilidades grafomotrices, gateo, reptación, ponerse de pie, caminar, etc.), se daba en función de una trayectoria lineal, dado el desarrollo biológico en los primeros años de la vida postnatal. Sin embargo, debido a diversas investigaciones en las últimas décadas, se ha encontrado que incluso los supuestos “reflejos” de succión en la vida prenatal, tienen una variabilidad significativa entre individuos y no son en realidad reflejos “puros”, sino que también incluyen un control de áreas de orden superior, es decir, control cognitivo.
Actualmente se sabe que, pese a la importante influencia genética y biológica en la trayectoria de adquisición de diversos hitos motores en la primera infancia, existe una variabilidad interindividual significativa en la presentación y adquisición de estas habilidades. Se ha establecido que, esta variabilidad esta fuertemente influenciada por el medio ambiente, es decir, el entorno en el que se desarrolla el individuo. Los niños en un entorno con una mayor cantidad de experiencias y desafíos motores, adquieren habilidades motoras de manera mas temprana que aquellos en entorno motrices pobres. Por ejemplo, se ha observado que culturas con hábitos específicos en algunas regiones del continente africano, donde las madres bañan a sus hijos de pie, sosteniendo su posición bípeda al apoyarse de sus madres con sus extremidades superiores, logran ponerse de pie y caminar solos más tempranamente que niños del mundo occidental. De hecho, parecer que estos niños, expuestos a un desafío motor pronto en su trayectoria de desarrollo motor, omiten hitos motores que se creían previos a ponerse de pie y caminar como el gateo.
Todo esto indica que, el medio ambiente y las experiencias motrices tempranas, modulan el desarrollo motor independientemente a la trayectoria biológica esperada, lo que supone que es posible manipular el proceso de aprendizaje motor en la primera infancia, a través de estrategias que implique la adecuada aplicación de tareas motrices diversas que no solo favorezcan el desarrollo motor normal, sino que también lo potencien. Esto puede ser notablemente relevante para el rendimiento motor futuro y la formación deportiva, ya que un niño con un desarrollo temprano adecuado probablemente tenga una base más sólida para la adquisición de habilidades más complejas y especializadas típicas del deporte.
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Referencias: doi: 10.1101/2025.02.06.25321826- doi: 10.1101/2025.02.06.25321826- doi.org/10.1016/j.gaitpost.2025.06.025





