
Se sabe ampliamente que el músculo esquelético puede regular muchos procesos metabólicos de todo el cuerpo, mediante la secreción de múltiples sustancias llamadas mioquinas. El ejercicio físico, puede estimular la secreción aumentada de estas mioquinas, y esta es una de las vías fisiológicas, por las cuales el ejercicio promueve adaptaciones beneficiosas en todo el organismo.
Aún así, estamos lejos de caracterizar todos los mecanismos por los cuales el ejercicio puede modificar el funcionamiento de varios órganos y sistemas. Uno de los mecanismos que han suscitado atención recientemente, es el de la secreción de VESÍCULAS EXTRACELULARES, por parte de células como las del músculo, que como cualquier otra célula, es capaz de secretar estas vesículas desde su interior, hacia el exterior y luego ser captas por otras células. Un proceso de comunicación célula-célula.
Estas vesículas son como bolsas que cargan en su interior moléculas variadas, entre ellas, proteínas y microARN (en otras palabras, pueden cargar fragmentos de código genético). De esta manera, el contenido puede ser introducido en la célula diana, para promover modificaciones a través de la transcripción de proteínas (modificación de la función y metabolismo celular).
El ejercicio físico aumenta la secreción de estas vesículas cargadas de microARN, por parte de las células musculares, lo cual produce cambios en muchas otras células de distintos órganos como el hígado, tejido adiposo, corazón, cerebro, páncreas, etc.
Estos cambios se traducen en mejoras que se manifiestan en una mayor salud celular, y en consecuencia, la resistencia a las enfermedades crónicas que se observan en personas que realizan ejercicio físico regular.





