
El ejercicio es detectado como un factor estresante para prácticamente todas las células del cuerpo. En consecuencia, nuestras células responde al estrés de un episodio agudo de ejercicio, con el propósito de preservar sus funciones y minimizar el daño. Esta repuesta al estrés (llamada también alostasis), media los cambios momentáneos que se producen en nuestras células durante y después de una sesión de ejercicio.
No obstante, cuando realizamos episodios repetidos de ejercicio (entrenamiento), la respuesta al estrés aguda y aislada, se vuelve ahora una repuesta más frecuente, lo que impulsa cambios más permantes que inducen adaptaciones en nuestras células (y en consecuencia en tejidos y órganos). .
Estas adaptaciones crónicas son mecanismos de anticipación a situaciones estresoras similares (episodios de ejercicio posteriores), con lo cual, nuestro organismo se vuelve más resistente al estrés del ejercicio y eso hace que cada vez sea más difícil obligar la inducción de una respuesta al estrés. Por ello, a medida que se acumulan adaptaciones, la respuesta al estrés se reduce de manera concomitante. En otras palabras, a mayor adaptación, menor respuesta al estrés. Esto hace que los sujetos altamente entrenados, posean un altísimo nivel de rendimiento, pero a la vez una capacidad adaptativa reducida.
Esta es la base del porqué de la sobrecarga progresiva, la individualización y la especificidad del entrenamiento. Principios del entrenamiento que buscan promover respuestas al estrés amplificadas para permitir adaptaciones aditivas y prevenir el agotamiento de las mejores en el rendimiento.
Langston, P. K., & Mathis, D. (2024). Immunological regulation of skeletal muscle adaptation to exercise. Cell metabolism, 36(6), 1175–1183. https://doi.org/10.1016/j.cmet.2024.04.001





