
Si bien existen adaptaciones distintivas a los diversos tipos de ejercicio en el continuo de volumen e intensidad (entrenamiento de fuerza y resistencia), todavía no están claras las señales moleculares específicas desencadenadas por las perturbaciones agudas impulsadas por las diferentes configuraciones de carga en el continuo de ejercicio, que dan lugar a esas adaptaciones crónicas.
Las señales agudas producidas por el ejercicio son detectadas e integradas por diferentes sensores celulares que trasducen éstas señales, lo que favorece la activación de efectores que a largo plazo (con la acumulación de perturbaciones en el tiempo por repetición), afectan la fabricación de proteínas y biomoléculas que dan lugar a cada una de las adaptaciones funcionales y estructurales del músculo y otros tejidos (p.ej., biogénesis mitocondrial, angiogénesis, aumento de proteínas contráctiles, etc.).





