
El músculo esquelético cumple una diversidad de funciones esenciales para la salud global. Sabemos que el papel estructural/funcional del músculo es esencial para el movimiento, el equilibrio, la postura y la producción de fuerza, lo cual es de importancia crítica para la función física.
No obstante, el músculo también es capaz de regular el metabolismo energético y el sistema inmune. De hecho, el músculo es el más importante reservorio de aminoácidos importantes para enfrentar adecuadamente situaciones de estrés, traumatismos e infecciones. Además, el músculo síntetiza y almacena una gran cantidad de glutamina, un aminoácido involucrado en el transporte de nitrógeno y la función inmunitaria.
El músculo también regula la glucemia, dado que permite la captación de grandes cantidades de glucosa estimulada por insulina y por el ejercicio.
Adicionalmente a lo expuesto, el músculo fabrica y libera una gran variedad de moléculas con funciones endocrinas llamadas miocinas. Estás moléculas están involucradas en la comunicación interorgánica, dado sus efectos de señalización en los tejidos extramusculares.
Las miocinas regulan la proliferación, activación y distribución de las células inmunes, la lipólisis y pardeamiento del tejido adiposo blanco, la función de las células beta del páncreas, la neurogénesis, sinaptogénesis neuronal y el apetito a través de su interacción con el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF). Las miocinas también interactúan con el hueso, regulando la osteogénesis y favoreciendo el mantenimiento de la densidad mineral osea, además de modular la función del endotelio vascular.
Estas importantes funciones de los músculos esqueléticos, resaltan la importancia de preservar la masa muscular a lo largo de la vida y en intervenciones de perdida de peso (farmacológicas o no farmacológicas). De hecho, la baja masa muscular se asocia con una función inmune comprometida, una mayor susceptibilidad a infecciones, menor cicatrización de heridas, baja función física, discapacidad, menor supervivencia y mayor mortalidad.
Los nuevos fármacos para tratar la obesidad como los agonistas de los receptores de GLP1 (péptido 1 similar al glucagón), promueven una gran perdida de peso, pero ésta se asocia a una perdida de masa libre de grasa (que incluye la masa muscular) de entre el 25 y el 36%. Esto parece ser debido principalmente a la propia restricción de energía que inducen los fármacos y no a un efecto independiente, aunque esto debe confirmarse. Por el momento, es necesario tener en cuenta que las intervenciones de perdida de peso, sean farmacológicas, quirúrgicas o no farmacológicas, inducen también la perdida de masa muscular, por lo que es necesario y prácticamente obligatorio, incluir estrategias para preservar la masa muscular en estos escenarios. Esto implica considerar el ejercicio e intervenciones nutricionales dirigidas a la preservación de músculo.
Prado, C. M., Phillips, S. M., Gonzalez, M. C., & Heymsfield, S. B. (2024). Muscle matters: the effects of medically induced weight loss on skeletal muscle. The lancet. Diabetes & endocrinology, S2213-8587(24)00272-9. Advance online publication. https://doi.org/10.1016/S2213-8587(24)00272-9





