
La suplementación con omega 3 se ha popularizado dada la baja ingesta de estos ácidos grasos y la alta ingesta de grasas saturadas y omega 6 presentes en la dieta occidental.
Además una dieta con una adecuada ingesta de omega 3, puede disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas relacionadas con la dislipidemia (síndrome metabólico entre otras). También está asociada con la mejora de la capacidad funcional en el envejecimiento.
Recientemente la suplementación con omega 3 también se ha relacionado con adaptaciones de fuerza e hipertrofia. Parece ser que los AG omega 3, son capaces de estímular ciertas vías de señalización anabólica y mejorar la fluidez de la membrana plásmatica celular, lo cual aumenta la captación de aminoácidos y en consecuencia podría estimular de manera más notable la MPS (síntesis de proteínas musculares).
Además, parace mejorar la sensibilidad a la acetilcolina, el neurotransmisor crítico para la propagación del impulso neural dentro de la fibra muscular, que permite la contracción del músculo. En consecuencia, los AG omega 3 pueden mejorar la función contráctil muscular.
Aún así, la evidencia de los efectos beneficiosos del Omega 3 para apoyar el incremento de la fuerza y la hipertrofia en sujetos jóvenes sigue siendo equívoca, por lo que aún no se pueden hacer recomendaciones generalizadas para ese propósito en esa población.
En el adulto mayor se ha observado un aumento de la MPS aguda. Sin embargo, de manera crónica los hallazgos han sido contradictorios. Aunque la investigación sobre los efectos ergogénicos del Omega 3 aun es escasa. Su papel en la salud humana esta más que documentado, por lo que su aporte adecuado en la dieta debe estar asegurado, en principio si es posible a través de fuentes alimenticias completas (salmón, caballa, linaza, chía, etc.) y en caso contrario, se deberá considerar su consumo en forma de suplemento dietario





