
Existe una gran variabilidad interindividual en la perdida de peso y grasa, luego de intervenciones de restricción energética para inducir un balance de energía negativo. Por lo cual, ante reducciones equivalentes de la ingesta energética, muchas personas experimentan perdidas importantes de grasa, pero otras no. Estas últimas, han sido catalogadas como personas resistentes a la perdida de grasa inducida por la dieta (restrictiva en energía).
Varias investigaciones han tratado de encontrar los factores comportamentales, genéticos y biológicos que explican esta baja capacidad de algunas personas, para perder grasa con las intervenciones dietéticas.
Al parecer, esto no tiene que ver (al menos en una gran proporción) con una baja adherencia a las intervenciones de perdida de peso, ni a los problemas relacionados con una alta prevalencia de errores en la ingesta de energía autoinformada, sino a varias características biológicas con un gran componente genético.
Estas características biológicas particulares de algunas personas, hacen que en general, su capacidad oxidativa muscular este notablemente reducida, gracias a una menor función mitocondrial (bajo contenido de componentes de la CTE: cadena de transporte de electrones, menor actividad de OXPHOS: fosforilación oxidativa y baja actividad de proteína desacopladora: UCP3 que se asocia con una menor fuga de protones y en consecuencia un consumo de oxígeno reducido), menor número y tamaño de fibras musculares tipo 1 (con mayor capacidad oxidativa), menor capacidad para la síntesis de proteínas (baja capacidad ribosomal) y una mayor propención a la termogénesis adaptativa (reducción de la tasa metabólica basal por causa de la restricción de energía crónica).
Todo esto dificulta el aumento del gasto de energía y la oxidación de los sustratos energéticos (p. ej., ácidos grasos), lo que apoya la resistencia a la perdida de peso y grasa con la dieta.
Esto resalta la importancia de la aplicación de ejercicio físico durante las intervenciones para la perdida de grasa, ya que la dieta sola no es capaz de mejorar los factores relacionados con la capacidad oxidativa muscular, la función mitocondrial y la preservación de la tasa metabólica basal. Todo lo cual puede ser mejorado con el ejercicio, como ha sido demostrado ampliamente en varias investigaciones.





