
Vale la pena recordar que el ejercicio físico regular (sobretodo la combinación de entrenamiento aeróbico y de fuerza), es reconocido cada vez más por la comunidad científica, como una de las estrategias importantes tanto para la prevención, como para el tratamiento de una gran variedad de tipos de cáncer, en todo las etapas de progresión de la enfermedad.
Los efectos neuroendocrinos, metabólicos e inmunológicos del ejercicio, pueden retrasar la formación tumoral y la metástasis (debido a algunos efectos mediados por mioquinas y especies reactivas de oxígeno-ROS que tienen la capacidad de suprimir la tumorogénesis y mediar la apoptosis de células tumorales), disminuye las comorbilidades asociadas al cáncer y al tratamiento (como la caquexia, los trastornos metabólicos, inmunológicos y endocrinos) y además potencia los efectos de las intervenciones de tratamiento, como la radioterapia, la quimioterapia y la inmunoterapia debido en parte a que aumenta el flujo sanguíneo al tumor y con ello la entrega de oxigeno, nutrientes, sustancias suministradas a través de los fármacos y la infiltración de células inmunes citotóxicas CD8+, células NK (asesinas naturales), entre otras.
También hay que decir que en general, el ejercicio físico regular bien implementado e individualizado, mejora la capacidad física, la función, los estados de ánimo y con ellos la calidad de vida de los pacientes con cáncer, mejorando su pronóstico y reduciendo la reaparición de la enfermedad.
Hojman, P., Gehl, J., Christensen, J. F., & Pedersen, B. K. (2018). Molecular Mechanisms Linking Exercise to Cancer Prevention and Treatment. Cell metabolism, 27(1), 10–21. https://doi.org/10.1016/j.cmet.2017.09.015





