
Mantener la salud del músculo esquelético es imprescindible para preservar la homeostasis de muchos órganos y tejidos. La disfunción mitocondrial del músculo, la resistencia a la insulina y la inflamación crónica muscular, alteran la función contráctil, impulsan la atrofia de las fibras, deterioran el metabolismo (se reduce la capacidad oxidativa) y favorecen la acumulación de lípidos e intermediarios lipidícos dañinos.
Todos estos cambios están interrelacionados y se retroalimentan mutuamente para amplificar las alteraciones negativas. No obstante, puntos fulcrales son la producción de citoquinas proinflamatorias (por causa de la inflamación crónica), el estrés oxidativo (en parte producido por la disfunción mitocondrial) y la señalización de insulina embotada (por causa de la resistencia a la insulina).
Precisamente, tanto la Inflamación crónica como el estrés oxidativo y la resistencia a la insulina, son alteraciones comunes que en un importante porcentaje, son desencadenadas por los malos hábitos de vida (sedentarismo, inactividad física, mal nutrición, estrés constante, cantidad y calidad del sueño deteriorados).
El establecimiento del síndrome metabólico (obesidad central, hiperglucemia, hiperlipidemia e hipertensión) puede deteriorar aún más la salud muscular, a través de varios de los mecanismos antes mencionados. Una relación bidireccional entre el síndrome metabólico y el músculo esquelético insano, que puede convertirse en un círculo vicioso para el establecimiento de muchas enfermedades crónicas.
Cuida el músculo, tu organismo de lo agradecerá. ![]()





