
El ejercicio físico puede provocar adaptaciones cardíacas crónicas, y algunas de ellas pueden confundirse con cambios que ocurren con algunas patologías. De hecho, ciertas características de la miocardiopatía hipertrófica, como el aumento del grosor de la pared del ventrículo izquierdo (VI), pueden superponerse con rasgos encontrados en atletas de élite.
Aunque ciertamente los atletas presentan menor riesgo de enfermedad, eso no quiere decir que no puedan presentarla. Por tanto, en presencia por ejemplo de un grosor de la pared del VI mayor a 15mm en atletas (que en realidad son muy pocos), puede ser precavido realizar exámenes electrocardiográficos y/o ecocardiográficos para descartar alguna patología, más aún cuando concomitante a los cambios estructurales, se presenten signos y síntomas en reposo o durante el ejercicio, relacionados con alteraciones cardíacas, además de antecedentes familiares de enfermedad cardíaca y/o muerte súbita.
Hay que decir que las adaptaciones cardíacas al ejercicio, como la hipertrofia ventricular izquierda, son fisiológicas y por tanto hacen parte de los cambios normales asociados al estrés impuesto al corazón (ej. Carga de volumen o de presión). Cuando existe alguna patología subyacente, la génesis va más allá de la realización de ejercicio.





