
La grasa no se convierte en músculo, pero el proceso de crecimiento muscular parece amplificar la capacidad del músculo esquelético para redirigir o reparticionar los nutrientes, de modo que exista una menor disponibilidad de glucosa y lípidos para el tejido adiposo y el almacenamiento de energía concomitante.
La demanda energética de la hipertrofia muscular, podría apoyar un incremento del consumo de glucosa y ácidos grasos por parte del tejido muscular, lo que mejoraría por un lado la glucemia y por otro, la acumulación de grasa.
Además, las propias reservas de grasa endógenas podrían en ciertas situaciones (sobre todo de privación de energía), alimentar en cierta medida los procesos de remodelación muscular altamente costosos (como la síntesis de proteínas musculares que se incrementa de forma basal con el crecimiento muscular y el entrenamiento de fuerza crónico).
Aunque no podemos convertir la grasa en tejido muscular, la hipertrofia muscular surge como un proceso que podría dar lugar a la facilitación de la perdida de grasa o el mantenimiento de niveles de grasa saludables. Falta evidencia sobre este tema y los mecanismos exactos que lo explicarían. De momento, se ha visto que en personas con importantes cantidades de masa grasa, se produce recomposición corporal (aumentos de masa muscular con pérdidas de grasa simultáneas) en gran número de casos, y la atrofia del músculo esquelético comúnmente lleva a ganancias de grasa significativas.
Wackerhage, H., Hinrichs, A., Wolf, E., & Hrabě de Angelis, M. (2024). Turning fat into muscle: can this be an alternative to anti-obesity drugs such as semaglutide?. The Journal of physiology, 602(8), 1655–1658. https://doi.org/10.1113/JP286430





