
El dolor crónico se ha descrito como una entidad patológica individual, mas allá de que pueda resultar de una enfermedad previamente establecida o sea de origen idiopático.
Esta afección puede reducir gravemente la capacidad funcional y calidad de vida de quienes la padecen, contribuyendo también a la aparición de otras comorbilidades y/o exacervando las ya establecidas. Además, las personas suelen entrar en un bucle de inactividad física y aumento del sedentarismo, por la evitación del miedo que presentan, lo cual limita su capacidad para el movimiento y la adherencia a los programas de ejercicio (empeorando a un más el dolor crónico y aumentando el riesgo de otras enfermedades crónicas).
El ejercicio físico promueve hipoalgesia (reducción del dolor) crónica, por varios mecanismos, entre los que se encuentran, la regulación al alza de opioides endógenos, el incremento en la secreción de serotonina, dopamina y noradrenalina, modulación de procesos moleculares neurales relacionados con la normalización de la respuesta del SNC al dolor, modificación fenotípica de axones de nociceptores que aumenta en consecuencia el umbral del dolor, y la reeducación cortical cerebral para mejorar la percepción del dolor como indicador de daño.
Es necesario incluir el ejercicio en los programas terapéuticos integrales en personas con dolor crónico, de manera individualizada, progresiva y supervisada e incluyendo estrategias cognitivas y conductuales, que permitan una mejor calidad de vida en estas promesas
Borisovskaya, A., Chmelik, E., & Karnik, A. (2020). Exercise and Chronic Pain. Advances in experimental medicine and biology, 1228, 233–253. https://doi.org/10.1007/978-981-15-1792-1_16





