
El ejercicio mejora varios parámetros clínicos en personas con artritis reumatoide, entre los que se encuentran, la mejora la función física, la aptitud cardiorrespiratoria, la reducción de la rigidez y dolor articular, mejoraa función psicosocial, reducción de la discapacidad y la progresión de la enfermedad, la mejora de la calidad del sueño y finalmente una mejora global en la calidad de vida.
Esto se puede producir por varios mecanismos biológicos incluyendo la regulación inmune y la respuesta inflamatoria, reducción de la expresión excesiva de metalopeoteinasas de matriz y disminución del estrés oxidativo, además de regular epigeneticamente la expresión de genes relacionados con la integridad articular.
El ejercicio bien implementado e individualizado es una estrategia a considerarar en contextos de entrenamiento artrítica reumática.





