
La obesidad no es solamente la acumulación de grasa, también se producen alteraciones funcionales en el tejido adiposo, que se manifiestan en modificaciones negativas en su perfil inflamatorio, redox, metabólico, estructural, endocrino y en su secretoma.
Debido a que todos nuestros órganos están comunicados fundamentalmente por medios neuroendocrinos y moléculas secretadas por los tejidos, la disfunción del tejido adiposo local, afecta negativamente a otros órganos, entre ellos el músculo esquelético.
El ejercicio físico es una de las estrategias más eficaces (probablemente la más eficaz) para mejorar la disfunción del tejido adiposo (incluso independientemente de la pérdida de peso), lo cual repercute en la mejora de la salud de otros tejidos como el músculo.
La prioridad en las personas con obesidad debe ser mejorar su salud, más que su imagen en el espejo.





