
En esta revisión sistemática (mayor nivel de evidencia) de 2020, se muestra nuevamente la eficacia del entrenamiento de fuerza en la reducción de la presión arterial sistólica (PAS) y diastólica (PAD).
Esto es especialmente importante, teniendo en cuenta los altos niveles de mortalidad por hipertensión arterial en todo el mundo, y su característica silente en referencia a su semiología (signos y síntomas).
Por tal motivo, las estrategias de prevención primaria de la enfermedad, cobran gran importancia. Y el ejercicio físico ha demostrado ser una herramienta más que eficaz.
En esta revisión, se concluye que el entrenamiento de fuerza dinámico, realizado como mínimo 3 veces/semana, mejora de manera significativa los valores de PAS y PAD, en adultos de mediana edad prehipertensos (PAS: ~125 mmHg, PAD: ~80 mmHg).
Estos resultados se observaron en intervenciones con y sin fármacos prescritos para reducir la presión arterial. Lo que indica que el entrenamiento por si solo puede tener efectos similares al fármaco y que la adición de éste, no provee efectos aditivos.
El entrenamiento de fuerza con ejercicios isométricos (no implica cambio de longitud muscular), muestran un efecto un tanto mayor al entrenamiento dinámico. Y en términos generales, las reducciones fueron mayores en las mujeres, lo que parece indicar una mayor adaptación vascular acontecida en las mujeres vs hombres.
Hay que aclarar que, los efectos disminuyeron al cabo de las 20 semanas de entrenamiento aproximadamente. Sin embargo, esto puede explicarse más, por malas aplicaciones de la carga en varios de los estudios incluidos, que por cuestiones de respuesta fisiológica. Por tanto, la individualización y periodización de las cargas para esta población debe ser de alta rigurosidad.





